A L E G R Í A
Esta semana hubo una perdida importante en mi familia.
Esta semana me echaron una crema de zanahoria encima -y encima de un libro prestado-.
Algunos días de la vida se sienten como un show de bromas, vividos como una racha de mala suerte o brujería; sin embargo, aquí estoy escribiéndoles sobre esta emoción porque sé que la vida continúa, que a Tyler lo voy a recordar con cariño y que en unos días me voy a reír con el tema de la sopa –ojalá la dueña del libro también-.
Lo único permanente en la vida es el cambio y por eso hoy les voy a hablar de la alegría, porque es una emoción básica, lo que quiere decir que todos la podemos sentir, y que cuando no estamos experimentándola, podemos tener la certeza de que va a venir a visitarnos.
La alegría es la emoción compañera de momentos efusivos y espontáneos; proviene, generalmente, de acontecimientos externos y en ocasiones de manera anticipada al hecho concreto, por ejemplo, sentir alegría porque vamos a ver a alguien más tarde.
Es una emoción expansiva y nos torna un poco más extrovertidos, usualmente viene acompañada con ganas de compartir con los demás. Se nota principalmente en las expresiones faciales, caracterizadas por una gran sonrisa y unos ojos bien abiertos; también podemos experimentar relajación muscular lo que ayuda a sentir bienestar y reconexión entre la mente y el cuerpo.
Dentro de las funciones de la alegría se encuentran: trazarse propósitos de vida, experimentar sensaciones de paz y de positivismo, incrementar la autoestima, entre otras. Al experimentar esta emoción, las personas podemos sentirnos valientes, entusiasmadas, reconciliados con la vida y con mejor sentido del humor. La alegría ayuda a fortalecer los vínculos, acelera los procesos de sanación y nos recarga de energía para continuar.
Convertida en actitud de vida, la alegría es llamada por muchos felicidad, que se trata de un estado más estable y duradero: un sentimiento, proveniente principalmente del interior de las personas, de la decisión que han tomado por vivir una vida desde una óptica positiva, caracterizado por ser más un estado de calma que uno de euforia como si lo puede ser la alegría.
Las personas que se encargan de cultivar la alegría en todos sus días, empiezan a valorar los detalles de su vida y a experimentar grandes cantidades de gratitud.
Written by: Verónica Reyes
v@copia.veronicareyes.co
Soy psicóloga y psicoterapeuta Gestalt. Te quiero ofrecer una invitación a desenvolver, explorar y expandir.
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